El saber hacer artesanal y el detrás de escena del producto

El saber hacer artesanal y el detrás de escena del producto

Diseñado por Lo de Manuela y fabricado cerca 

Todas las piezas de Lo de Manuela están diseñadas por el equipo creativo de la marca. 

La producción se realiza íntegramente en España, con la excepción de nuestra vajilla de Limoges, que se fabrica en Francia. También desarrollamos aquí nuestros bordados, estampados y acabados, porque creemos profundamente en la artesanía local y apostamos cada vez más por trabajar con talleres y proveedores de proximidad. 

El proceso creativo comienza con una historia y con un lugar, pero después existe un trabajo muy minucioso detrás de cada producto. 

El equipo viaja, investiga y dedica muchas horas a definir los bordados, los estampados realizados manualmente, las gamas de color, las texturas y los acabados de cada tejido. 

Somos especialmente exigentes con el color y con la forma en la que una tela cae, evoluciona con el uso y se siente al tacto. Son decisiones que pueden parecer pequeñas, pero que terminan dando identidad a una pieza. 



El trabajo artesanal detrás de nuestros básicos 

Incluso nuestros básicos siguen un proceso prácticamente artesanal. 

Primero seleccionamos cuidadosamente el tejido y confeccionamos cada producto teniendo en cuenta su posible encogimiento. Después se tiñe en nuestros propios colores y, finalmente, se lava hasta conseguir ese acabado tan reconocible, suave y natural. 

La elección de la tela, la confección, el color, el lavado y la atención a cada acabado forman parte de un mismo proceso. 

Es precisamente ese cuidado el que hace que, al ver o tocar una pieza, puedas reconocer que pertenece a Lo de Manuela. 



Una historia que conecta cada detalle 

Para nosotros, una colección no consiste únicamente en presentar nuevos productos. Consiste en crear un lugar, una atmósfera y un relato en el que todo esté conectado. 

La historia nos ayuda a tomar decisiones y a establecer una coherencia entre los tejidos, los colores, las formas, las imágenes y los espacios en los que presentamos cada colección. 

También nos permite establecer una relación más profunda con el cliente. Un producto puede resultar atractivo por sí mismo, pero cuando forma parte de una historia adquiere otra dimensión. Deja de ser únicamente un cojín, una vajilla o un mantel y comienza a evocar una época, un viaje, una casa o una determinada forma de vivir. 

Nos gusta que quien descubre una colección pueda entrar en ese relato e imaginarse dentro de él. Que no solo vea objetos, sino un mundo completo y una inspiración para su propia casa. 

La historia no se añade después al producto. Es el hilo que une cada decisión y hace que una colección tenga identidad, memoria y continuidad. 

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