Un viaje a Guatemala

Un viaje a Guatemala

Llámalo casualidad, destino, azar o como quieras, pero cuando el equipo de Lo de Manuela me comentó que acabábamos de cerrar un acuerdo con una marca de ron guatemalteco para una colaboración en la siguiente edición de ARCO, yo acababa de aterrizar en La Aurora, aeropuerto de Guatemala, y lo tomé como una señal. Entré en una bonita cafetería en el centro de la ciudad de Guatemala, pedí el wifi y me empecé a informar. Las pinceladas que fui encontrando parecían más un escenario de una novela de Realismo Mágico que cualquier otra cosa: un pueblo hijo del ferrocarril que crea un ron por su centenario, una guardiana sabia que protege ese ron, una casa por encima de las nubes donde se han parado los relojes, un festival de sabores y fragancias para llegar a la exquisitez del néctar, un grupo de mujeres que trenzan a mano su destino… Aquello empezaba a gustarme demasiado. Como suelo viajar sin rumbo decidí que la del ron podría ser mi ruta durante esos días. Es así como empiezan las historias. Las buenas.

Lo primero que hizo el que sería mi guía fue hablarme de ella, de Lorena Vázquez, la madre del ron, Master Blender de Zacapa y estandarte femenino en un mundo de hombres.

Lorena, como una madre que mece a su bebé, se ocupa de susurrarle a su ron que no se dé prisa por crecer, que la madurez llega sola porque los años pasan inevitables, y que la riqueza de espíritu se consigue a base de rodearse de buenas influencias: el roce con las barricas de buen roble perfumadas de whiskey, coñac, Jerez o de Pedro Ximénez.

Fue ella la que, en el anhelo de proteger su dilatado sueño, se llevó a su retoño a madurar a 2300 metros sobre el nivel del mar, a un lugar bien cerquita del cielo y rodeado de nubes, que lo protegen cual algodones: La casa por encima de las nubes, allí por donde el tiempo no pasa y donde los efluvios más intensos bailan y se aman en las barricas de ron.

Mientras subíamos la montaña (en helicóptero, otra gran experiencia) lo que más deseaba era conocerla porque estaba convencida de que me encontraría con una de esas mujeres inspiradoras que parece que hayan habitado la tierra desde siempre… y enorme fue mi decepción al toparme con una frase que no había contemplado encontrar, ingenua de mí, “Lorena está de viaje”. Cuando se lo conté a mi equipo de Lo de Manuela se reían: “una dosis de tu propia medicina”, dijeron. Y es verdad, casi nunca estoy cuando me buscan, pero en mi descargo digo que alguien tiene que viajar, ¿no?. Sin Lorena, pero con su espíritu rodeándolo todo, fui testigo de todo el proceso.

He estado en sus campos de caña, he visto los dedos de las mujeres nativas trenzando el petate que acompaña al ron, una bella esterilla de fibras naturales que ha dado una oportunidad a las mujeres del lugar de poder ganarse la vida, y finalmente visité Zacapa, localidad que da nombre al ron y gracias a cuyo centenario, y a las décadas estudiando el licor de caña de azúcar, dio nacimiento al ron que hoy, más de cuarenta años después, nos reúne en este stand de ARCO, bajo las cañas y rodeados de verde y de loros, símbolos de mi viaje y del paisaje que rodea la tierra madre de este néctar que hoy sujeto entre mis dedos.

                      

Con vaso ancho y un pez de hielo acompañando al ron Zacapa quería compartir con vosotros un sentimiento que tuve a lo largo de todo ese itinerario que empezó con un guiño del destino y que hoy cerramos con un bello círculo: cómo me hubiera gustado que mi abuelo me acompañara en este viaje, él, gran amante de los momentos lentos con un vaso de ron intenso en su mano ¡Sé que hubiera disfrutado tanto! También, y al hilo de este apretón de nostalgia, puedo oír a mi abuela diciendo algo así como: “pero bueno; ¡esta botella es una belleza! Vamos a encontrarle un lugar bonito en nuestro mueble-bar”.

En fin, amigos, brindo por este viaje a Guatemala, por ron Zacapa, y por mis abuelos.

 Lamento no poder estar hoy con vosotros para rubricar este brindis con un chinchín mirándonos a los ojos, pero me ha surgido un viaje… gajes del oficio.

 Nos vemos pronto en algún otro rincón del alma.

 

 

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