Cuando busco textura y un punto de hogar, elijo grès. Los esmaltes reactivos dejan pequeñas variaciones que me encantan: cada plato guarda un matiz, como si conservara la historia de la hornada.
Los tonos de tierra, piedra y verde apagado suman calidez a la mesa diaria y se llevan bien con linos lavados y maderas claras. Es una vajilla con cuerpo, pensada para acompañar sin cansar.
A mí me gusta mezclar dos tonos cercanos para que la mesa tenga profundidad sin perder serenidad.