Hay pocos momentos en el día tan sagrados como ese instante en el que sales de la ducha. El vapor, el silencio, el agua caliente que se ha llevado el estrés del día... Y entonces, llega el momento crucial: envolverte en la toalla. ¿Será la toalla perfecta?
En ese momento de contacto con la toalla es donde se rompe o se completa la magia. Porque admitámoslo, secarse con una toalla áspera que "resbala" por la piel sin secar es una pequeña decepción cotidiana que no deberíamos permitirnos.
En Lo de Manuela, creo firmemente que el lujo no es ostentación, es bienestar. Y para conseguir ese bienestar en el baño, hay que entender qué estamos comprando. Hoy quiero enseñarte a leer las etiquetas y a confiar en tu tacto para encontrar la toalla perfecta.
A menudo leemos "100% algodón" y pensamos que ya está todo hecho. Pero, querida, en el mundo del textil, no todos los algodones nacen iguales.
La diferencia entre una toalla que suelta pelusa y se queda rígida a los dos lavados, y una que te acaricia durante años, suele estar en el proceso de hilado. Aquí es donde entra el algodón peinado, el verdadero rey de la suavidad.
¿Qué significa esto realmente?
Cuando eliges algodón peinado, estás eligiendo una toalla perfecta que no se deshilacha, que brilla sutilmente y que trata a tu piel con una delicadeza absoluta.
Esta es, sin duda, la pregunta técnica que más me hacéis: "Manuela, ¿qué grosor es el bueno?". Aquí es donde hablamos del gramaje.
El gramaje de las toallas se mide en gramos por metro cuadrado (g/m²) y nos indica la densidad de la felpa. No es solo cuestión de peso, es cuestión de capacidad:
Mi recomendación: Busca siempre un gramaje superior a 500 g/m². Es ahí donde notarás esa esponjosidad de la toalla perfecta que te hace sentir en un spa cada mañana.
Más allá de los números y las fibras, hay algo intangible. Las verdaderas toallas de lujo se reconocen con los ojos cerrados. Son aquellas que tienen una capacidad de absorción inmediata (lo que llamamos hidrofilidad), secando la piel por contacto, sin necesidad de frotar.
Para mí, una toalla de categoría debe cumplir tres mandamientos:
No lo dudes. Ahora mismo es un buen momento para cambiar la ropa de baño. Echa un vistazo y descubre nuestras toallas.
Renovar las toallas no es un gasto, es invertir en tu primera caricia del día y en la última de la noche. Te animo a que revises tu ropa de baño. Si tus toallas ya no te hacen sentir bien, quizás sea hora de despedirlas y dar la bienvenida a la suavidad que te mereces.
Porque, al final, la calidad de vida también se mide en estos pequeños detalles.
Con cariño, Manuela.